Desde
lejos con amor, o no tanto,
pero
lejos del mar, a gran distancia
del sol y
de la luna y de mi infancia
y del
dulce recuerdo de tu encanto…
Tan lejos
de tus besos que mi espanto
sólo
aumenta y se quiebra la elegancia
(¿mas la
tuve?) y olvido de mi estancia
lo feliz,
que se escapa con mi llanto…
Siempre
mi voz a mis olvidos siente.
Muerdo el
dolor de los tormentos, ciego.
¡Vuelve,
mi amor! ¡Vente conmigo! ¡Vente!
¡Que ardo
en deseos de quererte! ¡Cuánto!
Cerca, ya
ves, de los lamentos, llego.
Lejos, en
fin, de mi universo, canto.