Nunca morirá la fe que mi vida

en tu corazón tiene, compañera,

y mis labios y alguna borrachera

de tanto amor, te harán sentir prohibida…

 

No morirá esta rabia desmedida

que mi razón desata sin frontera

por tu piel, que conviértese en barrera

entre tú y yo… ¡la piel empedernida!

 

Que en tu cuerpo mis manos siempre vuelan

del cariño al naufragio en tus aromas

y del sol a la luna en tus pupilas

 

y rendidas descansan y revelan

los secretos perdidos que no asomas

por privarme de hacerles retahílas…